| Rocio Regueiro Salas
Cuando la intensidad de la iluminación de fondo permanece relativamente constante, es obvio que las velocidades de blanqueo y regeneración del pigmento visual están en equilibrio. Cuando el nivel de iluminación disminuye, se produce la adaptación a la oscuridad y aumenta la concentración de rodopsina en los fotorreceptores. Resulta claro que la isomerización geométrica es una reacción clave solamente asociada a la adaptación a la oscuridad. Ha sido probada la existencia de una enzima que cataliza la interconverisión de los isómeros todo-trans y 11-cis del retinal, pero esta enzima no parece lo suficientemente activa como para provocar el proceso fisiológico. A partir de la isomerización geométrica del todo-trans-retinal por medio dihidroflavinas se han demostrado la producción de los isómeros 9-cis y 13-cis pero no del 11-cis retinal. El paso final en la regeneración de la rodopsina incluye una reacción espontánea entre el 11-cis retinal y la apoproteína destinada a establecer tanto el encadenamiento de la base de Schiff como todos los cambios en la conformación necesarios para restaurar las propiedades espectrales originales del pigmento. En el metabolismo del retinol asociado con la adaptación a la luz y a la oscuridad, gran parte del retinol vuelve a intervenir en el ciclo, pero, aparentemente, una pequeña fracción se pierde debido a la difusión del retinol de la retina, a la degradación peroxidativa o, posiblemente a través de la oxidación enzimática del retinal al ácido retinoico. El retinol proviene de la sangre, en donde es transportado en plasma en combinación con una proteína específica que protege a la bastante lábil molécula de retinol del ataque enzimático o de radicales libres. |
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