J.R. Fontenla,
M. Ferran, B. Romero, A. Aranda, A. Burés, M. Grau, X. Vazquez, D. Pita.
ALTERACIONES DEL REFLEJO VASCULAR Las paredes de los vasos sanguíneos normales son transparentes, y no son visibles oftalmoscopicamente, tan sólo lo es la columna sanguínea: roja (arterial) o violácea (venosa). Esta produce un reflejo luminoso al ser iluminada por la luz del oftalmoscopio insinuándose una estría luminosa en el centro de la columna sanguínea. Esta reflexión de la luz se produce a nivel de la interfase columna sanguínea/pared vascular y provoca un reflejo parietal fisiológico que es de 1/3 del calibre total de la arteriola. La arterioesclerosis aumenta la densidad y espesor de la pared vascular, con lo que el reflejo que en un principio era rojizo, brillante, lineal y continuo, pasa a ser un reflejo más ancho y de aspecto metálico y cobrizo, descrito en detalle por GUNN en 1898. Es la llamada arteriola en hilo de cobre y se asocia con el inicio de engrosamiento por fibrosis, degeneración hialina de la pared y estrechamiento de la luz vascular. La HTA severa o de larga duración puede conducir a una importante arterioesclerosis con reducción de la luz vascular y marcada hialinización y fibrosis de la pared arteriolar lo que impide completamente la visualización de la columna sanguínea y refleja la mayor parte de la luz del oftalmoscopio. Esto provoca la aparición de arteriolas en hilo de plata en la cual el reflejo es muy amplio, brillante y metálico perdiéndose la mayor parte del aspecto rojizo inicial. Todos los cambios del reflejo y coloración vascular se aprecian con mayor claridad en las arteriolas de segundo y tercer orden (Foto).
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